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alcanzando especificamente en el año 2004 cerca de 7.000 millones de dólares, y no existiendo duda sobre la capacidad de ingresar con estos productos a los mercados externos más exigentes.
En segundo lugar, ese subsector se ha revelado como un importante demandante de mano de obra, lo que se considera especialmente importante para ofrecer más y mejores plazas de trabajo a la población rural, desalentando de esta manera su emigración del campo a la ciudad.
El entorno macroeconómico favorable, los recursos naturales de que el país dispone, la firma de tratados de libre comercio, y los avances recientes en infraestructura, son razones adicionales que prometen un desenvolvimiento exitoso del subsector que nos ocupa.
Para continuar por la senda de desarrollo exitoso de la agroindustria alimentaria las autoridades deben continuar monitoreando el entorno macroeconómico favorable, en particular el precio del dólar y el bajo costo del dinero.
Si por alguna razón estas variables no continuaran comportándose favorablemente, la única solución sería acelerar las transformaciones estructurales en otros ámbitos del quehacer empresarial (tributario, laboral, tecnológico, regulatorio y medioambiental, por ejemplo) para mejorar así la competitividad de todo el sector exportador.
La segunda línea de desarrollo del sector agropecuario, modernización de la economía campesina, es de naturaleza completamente distinta que la ya descrita. Tiene un profundo sentido social, se orienta fundamentalmente al mercado interno, el desafío es más grande, y probablemente los buenos resultados se verán en plazos más largos.
Modernizar la agricultura campesina significaría facilitar su acceso al crédito, lo que probablemente requerirá introducir nuevas prácticas bancarias en el mercado de capitales, hasta ahora poco acostumbrado a otorgar préstamos sin garantías reales que los pequeños agicultores ciertamente no tienen.
Significaría también darles la posibilidad de abordar paulatinamente nuevos mercados que por su pequeño tamaño resulta impensable que pudieran hacerlo individualmente, y por lo tanto habría que pensar en alguna forma de organización para ellos.
Significaría además dotarlos de mayor educación y nuevas tecnologías, capacidad de negociar la venta de sus productos y la compra de sus insumos. En fin, la lista puede ser larga y la tarea compleja, pero nadie podría considerar que no vale la pena intentarla, si se tuviera una razonable seguridad que los costos no resultarían mayores que los beneficios.
Andrés Passicot
Ingeniero Comercial, Director Gemines

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