Para ellos los periodos de bonanza siempre han llegado acompañados de fenómenos tales como la disminución de excedentes en los mercados mundiales, aumentos de la demanda interna, mayores impuestos a las importaciones, y alto valor del dólar. Cuando poco o nada de esto ocurrió la prosperidad los abandonó, como pareciera estar ocurriendo actualmente. Pero el asunto es más complejo. Lo que alegra a los productores de leche (precios altos) entristece a los consumidores y a las plantas que industrializan el producto, dejando a los gobiernos en la incómoda situación de tener que tomar decisiones cuando existen evidentes conflictos de intereses.En estas circunstancias los productores representados por Fedeleche solicitaron y obtuvieron que la Comisión de Distorsiones recomendara aplicar una sobretasa de 23% a las importaciones de leche fluida, en polvo, y queso gauda, provenientes desde Argentina.
Esta protección, aunque inferior al 31,5% solicitado, ciertamente los ayudará, pero sólo temporalmente. Para volver a un desarrollo vigoroso de la actividad láctea se requiere tomar otras medidas, que no dependen de la Comisión de Distorsiones, ni siquiera exclusivamente del Ministerio de Agricultura. Se trata de las múltiples modificaciones que requieren nuestros sistemas tributario, regulatorio, medioambiental, laboral, y otros, para recuperar la capacidad competitiva que los productores chilenos están perdiendo.. Si a todo lo anterior el Gobierno no le da la importancia que verdaderamente tiene, entonces no sólo los productores de leche estarán condenados al estancamiento y eventual desaparición, sino también otras actividades que al país le convendría seguir desarrollando.
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