Editorial / El mercado de la leche


En Chile hay cerca de 16.000 productores de leche, a la gran mayoría de los cuales la vida no les ha sido fácil al tener que desarrollar su actividad en un mercado caracterizado por grandes  oscilaciones de  precios,  cambiantes niveles de demanda, y variadas modalidades de competencia externa, algunas francamente desleales. Con todo, la actividad logró un desarrollo interesante hasta el año 2003, reflejado en un sólido crecimiento de 6.6 % anual, similar al de otras ramas de la actividad agropecuaria que han enfrentado exitosamente el desafío de  la modernización.Actualmente la actividad pasa por una situación difícil, derivada de un aumento de los costos de producción y precios de venta insuficientes, en parte explicados por el crecimiento de las importaciones, particularmente desde Argentina,  que se caracteriza por funcionar con un sistema de precios completamente distorsionado.Identificar las causas últimas del problema requiere conocer la forma en que funcionan los mercados  de la leche en el mundo, y tomar en cuenta el entorno económico-institucional en que se desenvuelve el nuestro.

El mercado internacional de la leche se caracteriza porque concurren aél países cuyos gobiernos  protegen decididamente a sus productores,  simultáneamente con otros que lo hacen en menor escala, o simplemente no lo hacen. Esto es lo que principalmente genera la volatilidad de precios , al compás de los desajustes  que ocurren entre la oferta y la demanda del producto.

Teniendo en consideración que casi el 70 por ciento de la producción mundial de leche tiene su origen en países desarrollados ( Europa y Estados Unidos) donde existen políticas de Estado para fomentar la producción y al mismo tiempo subsidiar la exportación, es fácil deducir las difíciles circunstancias en que deben competir los productores nacionales.

Para ellos los periodos de bonanza siempre han llegado acompañados de fenómenos tales como  la disminución de  excedentes en los mercados mundiales,  aumentos de la demanda interna,  mayores impuestos a las importaciones, y  alto valor del dólar. Cuando poco o nada de esto ocurrió  la prosperidad los abandonó, como pareciera estar ocurriendo actualmente. Pero el asunto es más complejo. Lo que alegra a los productores de leche (precios altos) entristece a los consumidores y a las plantas que industrializan el producto, dejando a los gobiernos en la incómoda situación de tener que tomar decisiones cuando existen evidentes conflictos de intereses.En estas circunstancias los productores representados por Fedeleche solicitaron y obtuvieron  que la Comisión de Distorsiones recomendara aplicar una sobretasa de 23% a las importaciones de leche fluida, en polvo, y queso gauda, provenientes desde Argentina.

Esta protección, aunque inferior al 31,5% solicitado, ciertamente los ayudará, pero sólo temporalmente. Para volver a un  desarrollo vigoroso de la actividad láctea se requiere tomar otras medidas, que no dependen  de la Comisión de Distorsiones, ni siquiera exclusivamente  del Ministerio de Agricultura. Se trata de las múltiples modificaciones que requieren nuestros sistemas tributario, regulatorio, medioambiental, laboral, y otros, para recuperar la capacidad competitiva que los productores chilenos están perdiendo.. Si a todo lo anterior el Gobierno no le da la importancia que verdaderamente tiene, entonces no sólo los productores de leche estarán condenados al estancamiento y eventual desaparición, sino también otras actividades  que al país le convendría seguir desarrollando.

 
Andrés Passicot