MIRAR HACIA LA EXPORTACION

Germán Klee G., Ing. Agr. Producción de Carne. Jorge González U., Ing. Agr.
M.Sc. Economía Agraria, Investigadores INIA Quilamapu
¡Nuestros productores pueden incrementar la oferta nacional y conquistar nichos en el
mercado internacional!
Esta afirmación puede parecer una utopía o un despropósito, sobre todo cuando estamos acostumbrados a escuchar dos sentencias que tienden a frenar la inversión y la innovación tecnológica:
Primero, que nuestros productores y su oferta no logran satisfacer las tasas de crecimiento de la demanda nacional de carne debido, básicamente, a una estructura de mercado interno que desfavorece o limita la rentabilidad de estos agentes. Segundo, que tenemos una ganadería pequeña, de poco más de 4 millones de cabezas bovinas, comparada con los países del Mercosur (Argentina 54,6 millones, Brasil 16,1 millones, Uruguay 10,4 millones y , Paraguay 9,7 millones), de acuerdo a cifras de ODEPA (2000), lo que imposibilitaría que compitamos “de igual a igual” a la hora de exportar. Sin embargo, si comparamos la magnitud de nuestra ganadería con la de un país pequeño como Irlanda, con poco más de 6 millones de cabezas, se constata que la realidad de ambas ganaderías difiere en el grado de desarrollo tecnológico y de mercados.
Pero ¿cuál es la importancia de esta comparación? Simplemente resaltar el hecho que Irlanda, con una ganadería no exageradamente mayor a la chilena, es capaz de conquistar nichos de mercado y vender carne a países vecinos como Italia, cuyos sectores ganaderos son de superior tamaño con 20, 15 y 8 millones de cabezas, respectivamente. Este es un ejemplo de que el tamaño de la ganadería, por sí solo, no es un factor exageradamente decisivo para avanzar en el desarrollo y modernización de nuestra ganadería y transar productor cárneos. Al contrario, existen otros factores de competitividad como precios, costo de producción, calidad y diferenciación de productos (marcas), muy importantes de considerar, y en algunos casos factibles de mejorar, para concretar las vías de desarrollo ganadero planteadas.
Analizando los precios de equilibrio de distintos mercados como un indicador de competitividad, cabe destacar que, en agosto, el precio de novillos en pie para faena tipo exportación fue, por kilo vivo, de 0,55 a 0,56 dólares en Paraguay; 0,83 a 0,85 en Brasil; 0,87 – 0,90 en Argentina; 0,88 a 0,90 en Nueva Zelandia; 1,40 a 1,43 en Estados Unidos; y 0,88 a 0,90 dólares en Chile. Estos valores nos permiten señalar que, a excepción de los precios de transacción de Paraguay y Brasil, países que poseen novillos de menor valor en los mercados por el hecho de ser razas tropicales, los precios de Chile fluctúan dentro del rango de precios internacionales existentes en importantes países exportadores. Sin embargo, en el caso chileno debemos mencionar el especial cuidado que debe tenerse con el precio (costo) de compra (reposición) del ternero y el de venta (ingreso) del novillo gordo, cuyas marcadas diferencias relativas pueden afectar notablemente la rentabilidad del negocio ganadero.
Como se señaló, otro factor clave para competir es el costo real de producción, que es el valor monetario de todos los recursos involucrados que permiten producir carne. En este sentido, al comparar los costos internos de producción con los de Argentina,principal abastecedor de la demanda chilena insatisfecha, se tiene que para ellos el costo de producir un kilo de carne en condiciones de pastoreo, como señalan algunas publicaciones argentinas, es variado para diferentes zonas ecológicas, pero en términos generales estaría en el orden de 0,6 US$/kg. Si a este valor se le adiciona el costo alternativo del uso de la tierra de acuerdo a precio de arriendo local, entonces se tiene un costo medio del orden de 0,8 US$/kg. El costo reportado para el caso de engordas en confinamiento o feedlot llega a 1 US$/kg, citándose que en Estados Unidos es del orden de 1,58 US$/kg.
En el caso de Chile, el costo puede ubicarse en un rango variable, según el sistema de producción, la etapa productiva -crianza, recría y/o engorda-, área agroclimática y la escala de producción. En estudios de sistemas físicos realizados en la zona centro sur y sur del país por INIA Quilamapu e INIA Remehue, el costo fluctúa, principalmente para ganado alimentado a base de praderas, entre los 0,55 y 0,70 US$/kg en las etapas de crianza y recría y/o engorda, respectivamente (Navarro, González, Velasco, Goic y Klee, Agosto 2000). En estos sistemas, la carne producida cumpliría los requisitos de exportación. En el escenario actual, numerosos agricultores de esta zona producen animales de calidad muy similar a los obtenidos en los estudios. El punto es saber a qué nivel de costo lo están haciendo y cuáles serían los eslabones de sus sistemas de producción factibles de intervenir aún para incrementar su eficiencia bioeconómica.
Un tercer factor clave, además de precio y costo, es la calidad del producto. La calidad es un concepto, e incluso un fin, que debe ser explícitamente considerado desde el productor hasta llegar al consumidor, quien, en último término, es el que define los componentes de calidad más valorados. Los consumidores son cada vez más exigentes en la relación calidad/precio, influyendo poderosamente aspectos que dicen relación con la presentación del producto (grasa en el corte, color, etc.), la sanidad integral del producto y la inocuidad ambiental de los sistemas de producción. Respecto a estos dos últimos temas, cada vez han ido tomando relevancia aspectos como el fenómeno de las vacas locas, el uso de productos prohibidos o no aceptados en alimentación animal peligrosos para la salud humana (estrógenos, anabólicos, antibióticos, etc), colapso de ciertos sistemas intensivos, eliminación de residuos al medio ambiente, transparencia respecto de la composición y contenido de los productos, etc.
No obstante, este escenario difícil presenta oportunidades para aquellos productores que primero conquisten o recuperen la confianza de segmentos de
consumidores, incorporando tecnología que incremente su competitividad (disminuir costos unitarios, aumentar precios unitarios de venta), e incorporando de la mejor manera posible aquellas exigencias de calidad que les permitan diferenciarse de otros productores y desembocar, finalmente, en la oferta de productos de marca, que es un cuarto factor importante a considerar.
La consolidación de marcas permite incorporar valor agregado y con ello incrementar el excedente económico del productor. Es la forma más concreta de diferenciación por calidad de la competencia. La industria también busca mejorar la imagen de calidad del producto, promoviendo su diversificación y diferenciación respecto de otros productos y competidores. Luego, el productor que desee permanecer y ser exitoso necesariamente debe entrar en esta “lógica” cualitativa más que cuantitativa. La creación y desarrollo de marcas (calidad) debe apelar a distintos criterios de diferenciación como, por ejemplo:
-La denominación de origen geográfico,
- raza y/ o tipo y/o edad del animal,
- Sistemas de producción no agresores del ambiente,
- Elaboración, de calidades especiales,
- Tipo de alimentación utilizada,
- Inexistencia de elementos potencialmente dañinos a la salud humana,
- Adecuado manejo y transporte de los animales, y
- Adecuada manipulación y conservación de los productos cárneos.
En Chile están dadas las condiciones para producir carne con marcas, tanto para mercado interno como para exportar. En efecto, es así como un estudio de Fundación Chile (1998) destaca entre los resultados de una encuesta realizada a restaurantes de Santiago, que el 77% de los encargados de adquirir carne tiene preferencia por un sello que garantiza la calidad, dada la creciente exigencia de sus clientes.
En cuanto al ámbito de la exportación con marcas y los volúmenes requeridos, es perfectamente válido describir, el ejemplo de Argentina, donde ganaderos diversos, grupos reducidos de productores, como es el caso de 55 ganaderos de la provincia de Buenos Aires, han logrado acceder a una cuota Hilton de 60 toneladas y exportar cortes finos a supermercados de Alemania y Gran Bretaña y el resto de los cortes a Chile y Brasil, bajo la firma PACA S.A. ( Productores Argentinos de Carne S.A.) y la marca registrada “Lomo Pampeano”. Este es un excelente ejemplo a imitar, aun cuando no detallan los cortes exportables. Si éstos fueran sólo filetes y lomos, significaría que, proporcionalmente, cada agricultor aporta unos 55 a 60 novillos. Esta estrategia debería desarrollarse en conjunto con aquellas faenadoras nacionales que se han destacado por las elevadas inversiones realizadas o que están realizando para modernizar la industria. Luego, la exportación de cortes finos, junto al incremento de rentabilidad que conlleva, permite a los productores obtener un mejor precio promedio del novillo, pudiendo incluso “aceptar” menos precio en el resto de los cortes de la vara, beneficiando a los consumidores nacionales en su relación precio/calidad.
Requerimientos sectoriales
- Constituir sólidas organizaciones de productores, al menos a una escala suficiente para responder a los desafíos como el ejemplo señalado para la Argentina, y aprovechar, así, todas las ventajas que representa la asociatividad.
- Avanzar en el manejo predial con gran énfasis llones de hectáreas de praderas, una cantidad similar de pasturas de altura, aprovechar la demanda creciente a nivel mundial con la incorporación de nuevos mercados como los asiáticos, etc.
Consideraciones finales
INIA, las universidades y otros centros de estudio, disponen de tecnología cuyos niveles de rentabilidad permiten iniciar el despegue del sector. Pocos rubros ofrecen la oportunidad de estar insertos en un mercado interno no satisfecho con el volumen de oferta nacional, con tasas de consumo per cápita
crecientes y rangos y volatilidad de precios a consumidor aceptables. También es factible pensar en la formación de grupos de ganaderos para intentar exportar, teniendo como “norte” diferenciarse produciendo “calidad” y, en consecuencia, poder desarrollar marcas, lo que hace al rubro más permanente y competitivo. Para ello, se requiere concretar una política de desarrollo pecuario y conseguir cuotas de exportación. Finalmente, es preciso: apoyar la investigación pecuaria -considerando que el conocimiento es el insumo de mayor valor-, intensificar la transferencia de las tecnologías, y potenciar la existencia de fondos crediticios adecuados.
|