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LAMINITIS:
CUIDE SU REBAÑO LECHERO

Sergio
Hazard T., Ingeniero Agrónomo M.Sc., CRI- INIA - Carillanca
La
producción de leche en el país ha experimentado un notable incremento
en los últimos años a consecuencia de una serie de innovaciones tecnológicas,
dentro de las cuales se cuenta con nuevos manejos alimenticios,
mejoramiento genético, adecuado manejo reproductivo, nuevos productos
veterinarios y vacunas, sistemas de producción intensivos, entre otros.
Esto ha llevado a las vacas lecheras a convertirse en verdaderas máquinas
productoras de leche.
Recordemos que las vacas lecheras son rumiantes y que como tales tienen
la capacidad de aprovechar muy bien los forrajes. Antiguamente estos
animales se alimentaban solamente en base a praderas y su producción de
leche en esos casos era limitada. Posteriormente, han sido sometidos a
sistemas de producción muy intensivos, lo que significa, entre otras
cosas, estabulación completa durante todo el año o al menos durante la
época invernal. El alimento se les entrega directamente en el lugar
donde se encuentran confinados, recibiendo soiling y/o ensilajes y altos
niveles de concentrado.
En otras palabras, los animales bajo estos esquemas de producción de
leche se encuentran en un constante estrés, lo que lleva a que se
presenten una serie de problemas, entre los que se cuenta la laminitis.
Esta enfermedad es una de las principales causas de eliminación de
vacas en los rebaños y, por lo tanto, tiene una alta incidencia económica
para el productor lechero. El objetivo del presente artículo es
entregar antecedentes del porqué se presenta la laminitis y cómo el
productor lechero puede tomar sus precauciones para lograr prevenirla
dentro de su rebaño, o al menos minimizarla.
¿Que
es la laminitis?
La laminitis o Pododermatitis aséptica difusa se caracteriza por una
inflamación aguda, subaguda o crónica-recidivante aséptica difusa del
corion ungular. Esto produce una deformación de la pezuña y un
crecimiento excesivo de la misma, lo que se traduce en una cojera. La
enfermedad fue descrita a mediados del siglo pasado y ha venido en
aumento con el manejo intensivo sin distinción de sexo o edad.
La forma crónica de dicha enfermedad se conoce como casco en babucha y
la principal causa es la ingestión rápida de cantidades excesivas de
alimentos con un alto contenido de energía. Esto se traduce en una
acidosis láctica (laminitis aguda) o la ingestión constante de
concentraciones elevadas de carbohidratos que redunda en la liberación
de toxinas vasoactivas en el torrente circulatorio provocando un proceso
inflamatorio (laminitis subaguda o subclínica). El deterioro en la
calidad del casco predispone a los animales a lesiones como la
enfermedad de la línea blanca, úlceras de la suela y erosiones del talón.
La suela se desgasta también con mayor rapidez, exponiendo al animal a
un mayor riesgo de traumatismos.
En la laminitis aguda, normalmente existe un historial de consumo
excesivo de grano. Los animales disminuyen sus movimientos a
consecuencia del dolor que experimentan al caminar, y además presentan
diarrea. Las vacas muy enfermas permanecen echadas, las pezuñas
afectadas presentan calor e inflamación, dolor difuso y enrojecimiento
del rodete coronario. Los animales presentan fiebre moderada pudiendo
llegar a 40º C, el pulso a 120 y la respiración a 80 por minuto. Por
otra parte, los signos clínicos son todos expresión de dolor e
incluyen ansiedad, temblor muscular. La postura es característica, con
los cuatro pies un poco más hacia delante de su posición normal, la
cabeza humillada y el lomo arqueado.
Como consecuencia de la laminitis las pezuñas crecen y se encorvan
hacia arriba a la altura de los dedos; presentando grandes surcos, pared
dorsal cóncava, desdibujamiento y engrosamiento de la línea blanca,
zonas de infiltración hemorrágica. La suela blanda presenta manchas
amarillo - rojizas y surcos circulares, llegando a la separación de las
láminas sensibles de la porción córnea, con la consiguiente caída
del talón. Las paredes del casco se alargan y forman surcos
horizontales, sobre todo en la parte anterior adquiriendo una forma cóncava.
Durante la enfermedad los animales caminan como si estuviesen trabados y
disminuyen su producción de leche y pierden peso en forma progresiva.
Todo ello como consecuencia de que al sentir dolor al caminar,
disminuyen drásticamente el consumo de alimento. Asimismo, el acto de
echarse se logra con grandes dificultades, y a menudo después de un
buen número de intentos previos. No resulta nada de fácil que el
animal se levante y algunos permanecen tendidos por largos períodos.
La laminitis subaguda no muestra cambios evidentes en la postura del
animal, pero se observa rigidez en la marcha. El casco es blando, está
manchado con sangre y presenta un aspecto ceroso amarillento. Las vacas
lecheras muestran normalmente los primeros síntomas de laminitis subclínica
inmediatamente después del parto. La incidencia elevada de cojera a
mitad de la lactancia y la presencia de lesiones de la línea blanca y
de úlceras de la suela confirman el diagnóstico en un rebaño.
Agentes
causales de laminitis
A menudo la laminitis es referida como un síndrome, lo que significa
que las causas que provocan la enfermedad son diversas, asociadas a
diferentes factores independientes y de un amplio espectro. A continuación
se señalan algunas de las causales más importantes.
Manejo nutricional del rebaño. Dietas pobres en fibra y ricas en
almidón producen una acidosis ruminal y constituyen los factores más
importantes en la producción de laminitis, que puede derivar en una
cojera debido a una úlcera en la suela de las extremidades del animal.
En vacas de alta producción, para evitar problemas de acidosis, las
raciones deben contener una relación de concentrado: forraje no mayor
de un 60:40 (base materia seca). Si es que los rangos de concentrados
son mayores, puede incorporarse paja molida en un rango de 1 a 2 kg.
para proveer de suficiente fibra larga. La idea es que la ración total
contenga un 17 % de fibra cruda. La presencia de esta fibra estimula una
mejor salivación y rumia.
La influencia de los carbohidratos en el pH del rumen es un punto crítico
de unión entre la nutrición, acidosis y laminitis. Al existir niveles
excesivos de carbohidratos en el rumen, aumenta la producción de ácido,
exigiendo los sistemas de buffer que en forma natural poseen las vacas.
La escasez de fibra en la dieta influye en la producción de saliva y
por lo tanto en el pH ruminal. Otro componente importante de la ración
de las vacas lecheras son las grasas, las que deben limitarse a un 4-5 %
de la ración para evitar problemas de acidosis.
Una manera de evitar la acidosis al utilizar altos niveles de
concentrado en la dieta de vacas lecheras de alta producción es hacer
uso de raciones completas. Para ello se pueden usar carros mezcladores o
bien el productor puede mezclar los diferentes ingredientes de la ración
en forma manual. Otra manera de mitigar la acidosis es a través del
suministro de bicarbonato en las raciones de los animales.
Endotoxinas. La forma precisa en que las endotoxinas producen la
laminitis no está aún del todo claro. Las endotoxinas bacterianas
pueden ser formadas en el rumen debido a cambios en el proceso de
fermentación, los que se encuentran asociados a acidosis. Las
endotoxinas más comunes son liberadas como resultado de una metritis
(infección del útero) y mastitis. Las endotoxinas causan cambios en la
circulación de la sangre, lo que puede derivarse en una laminitis en la
pezuña del animal.
Parto. Al momento del parto ocurren cambios en la circulación
sanguínea, los que pueden derivar en una acumulación de fluido. Es muy
común observar esta situación en la ubre de las vacas al momento del
parto, reflejado en un edema a nivel de la ubre. Una situación similar
puede ocurrir a nivel de las pezuñas de los animales produciendo en
casos extremos separación de las pezuñas y úlceras en la suela. Para
evitar este tipo de problema es aconsejable mover a los animales de modo
de restablecer la circulación sanguínea.
Frecuencia de la alimentación. En caso de que se suministre
concentrado en la sala de ordeña, es recomendable no suministrar mas
allá de 5 kg (idealmente 4 kg.). Si los animales se encuentran
estabulados, el concentrado debe repartirse en 2 ó 3 raciones de modo
de evitar los excesos de consumo de concentrado. De igual forma, se debe
tener cuidado con las vacas golosas que tienden a consumir altos niveles
de concentrado. Para evitarse estos problemas es aconsejable, como se señaló
anteriormente, el uso de raciones completas.
Cambios en la dieta después del parto. Los cambios en la dieta
de vacas lecheras son muy peligrosos, especialmente si se pasa de una
dieta baja a una alta en concentrado. Lo recomendable es comenzar a
acostumbrar a la vaca antes del parto a consumir la dieta que recibirá
después del parto; para ello 15 días antes de la fecha probable del
parto debe comenzar a recibir, aunque en menor proporción, la misma
dieta que recibirá cuando comience su lactancia.
Alimentación durante la crianza. En vaquillas que reciben altos
niveles de concentrado, y especialmente cambios bruscos de dietas con
bajo a alto nivel de concentrado durante la crianza, son un factor
predisponente para causar la laminitis. Sistemas de crianza de
reemplazos que permiten ganancias diarias de peso sobre los 800 gramos/día
pueden causar laminitis.
Condición corporal al momento del parto. Vacas que llegan muy
gordas al parto reducen su apetito, especialmente de forraje, y por lo
tanto son más propensas a desarrollar acidosis y laminitis. Las vacas
deben ser secadas con una condición corporal de 2,5 – 3.0, debiendo
llegar al momento de parto con una de 3,0 – 3,5.
Estabulación de los animales. Las vacas deben permanecer en un
lugar que les sea cómodo. El diseño de los cubículos es de mucha
importancia ya que si son confortables la vaca permanecerá echada
durante 12-14 horas /diarias. Largos períodos de pie de los animales
derivan en un incremento de la presión de la planta de las pezuñas.
Pisos de cemento del establo mal diseñado es otro factor predisponente
para la laminitis. Asimismo, tiene importancia que los establos se
mantengan limpios y lo más seco posible.
Como se podrá observar, las causas que provocan la mastitis son múltiples
y variadas y la incidencia de laminitis puede asociarse como un
indicador de nivel y calidad de manejo de la explotación. Por lo tanto,
si en un predio se encuentran altas tasas de laminitis se debe asociar a
fallas respecto al manejo de los animales. A mayores niveles
productivos, el ganadero debe tener una mejor capacidad técnica para
alcanzar un manejo correcto que impida la aparición de laminitis.
Por otra parte, se puede señalar que en todo rebaño lechero debe
considerarse como norma el recorte de pezuñas de la vacas, y en caso
que existan problemas de cojeras se deben considerar hacer pediluvios.
Finalmente, al existir problemas de laminitis los animales pueden ser
tratados con algunos medicamentos que existen en el mercado, o bien a
través de métodos quirúrgicos.
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