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COSTO DE LA FIEBRE AFTOSA

Ante la amenaza que la fiebre aftosa pudiese nuevamente instalarse en el país, las autoridades han tomado un conjunto de medidas a partir de agosto del año pasado. Ellas apuntan a evitar que perdamos la calidad de país libre de fiebre aftosa sin vacunación, que tras años de esfuerzo e importantes desembolsos financieros se consiguió hace bastante tiempo.
Si las medidas tienen éxito como se espera, se dirá que el país logró evitar tener que pagar costos mayores, pero eso no significa que no estemos desde ya pagando algunos por el solo hecho de defendernos del virus.
Un estudio encargado por la SNA para dimensionar los costos que provocaría la enfermedad concluye que la epidemia podría costarle al país no menos del equivalente a 600 millones de dólares, sólo por los productos que dejarían de exportarse. Otros costos, como la pérdida de mercados, y la campaña que habría que llevar a cabo nuevamente para erradicar el virus, seguramente harían subir bastante esa cifra.
Sólo con los antecedentes anteriormente mencionados queda fuera de discusión la conveniencia de tomar medidas defensivas; lo importante sin embargo es seleccionar aquellas que tengan los menores costos para el país en el más amplio sentido de la palabra.
Dentro del período de alerta sanitaria que actualmente vivimos, son diferentes los costos que significan prohibir la entrada de productos portadores, de los que se requieren para instalar sólo barreras sanitarias, o de los necesarios para hacer controles en terreno para verificar si la enfermedad está presente.
En cada uno de los mecanismos de defensa hay costos que corresponde pagar al Estado. Son básicamente por concepto de remuneraciones al personal que se contrata para efectuar los controles, y por la compra de bienes y servicios que deben adquirir para cumplir su función. Otros costos los pagan los ganaderos que deben tomar medidas preventivas, y sobre todo los consumidores que al ver limitada la oferta deben pagar precios más altos por los productos cuyo ingreso al mercado se restringe.
Mención aparte merece el caso del sacrificio de animales, en la eventualidad de que la epidemia se desate. En estos casos los productores se indemnizan por mandato de la ley, pero eso no siempre es suficiente para compensar los daños que sufre un ganadero que pierde su plantel.
Definir adecuadamente las medidas que corresponde tomar ante una amenaza como la que estamos enfrentando, es una tarea importante de las autoridades sanitarias. Exceso de celo significaría pagar costos innecesarios, pero falta de acción implicaría desembolsos muy cuantiosos.
ANDRES PASSICOT
Ingeniero Comercial, Gerente General Gemines
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