Sumario
 

TLC CON ESTADOS UNIDOS

Después de doce años de negociaciones se firmó el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, siendo nosotros el primer país sudamericano que lo consigue. Esto, unido al acuerdo similar suscrito con la Unión Europea, representa un avance significativo en la estrategia de integración económica al resto del mundo que ha seguido el país.

El calendario de la simultánea reducción de impuestos a las importaciones (aranceles) es el beneficio más palpable que producirá este acuerdo, tomando a la economía en su conjunto. Sólo en el caso de los Estados Unidos significa que los exportadores nacionales tendrán acceso, cada vez con menos restricciones, a la economía que genera más de la tercera parte del producto interno bruto mundial. Asimismo, las importaciones de bienes de consumo y de capital que hace el país llegarán pagando cada vez menos aranceles que antes de la entrada en vigencia del acuerdo.

Sin embargo, no sólo la desgravación arancelaria es lo positivo. También cabe esperar que la solución de eventuales controversias comerciales tengan solución más fácil, a diferencia de lo ocurrido en los últimos años en que se acusó de dumping a algunos exportadores nacionales, aparentemente sin demasiado fundamento.

Cuando a comienzos de la década de 1990 Chile fue invitado por los Estados Unidos a estudiar la firma de un Tratado de libre comercio, fue una clara manifestación del reconocimiento a nuestra vocación aperturista en materia comercial y financiera. Ahora, con la firma del acuerdo se ratifica dicho reconocimiento, lo que parece muy importante si se toma en consideración que se han sucedido dos gobiernos desde aquella época, sin que se haya modificado la estrategia de apertura, que, además, se aplica desde mediados de la década de 1970.

Junto a la estabilidad de la política de comercio exterior debe haber influido en la decisión de firmar el acuerdo la fortaleza de nuestro sistema institucional. Aún con las deficiencias que se piensa corregir parcialmente con la Agenda de Modernización del Estado, el Poder Ejecutivo, el Legislativo, y el Judicial, funcionan razonablemente bien. Esto es una garantía para los inversionistas extranjeros que quisieran invertir en el país, o instalar sus casas matrices para manejar sus negocios en terceros países.

Si como consecuencia de un mejoramiento de la economía mundial, y la entrada en vigencia del tratado que nos ocupa, regresa la inversión extranjera a nuestro país, tendería a reducirse el endeudamiento externo, fortalecerse el signo monetario, y abaratarse los costos financieros.

Después de la aprobación por los gobiernos, sólo resta que los respectivos parlamentos hagan otro tanto, para que comience a correr el plazo para la entrada en vigencia del acuerdo, prevista para los primeros meses del año próximo. No parece haber razones para que en los poderes legislativo norteamericano y chileno haya dificultades en la aprobación. Sin embargo no se descarta que algunos parlamentarios estadounidenses aprovechen la ocasión para expresar su molestia por la actitud de nuestro gobierno frente la guerra en Irak, y algunos de los nuestros por los costos que demanda el tratado para la agricultura tradicional.

ANDRES PASSICOT

Ingeniero Comercial, Gerente General Gemines