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Reportaje
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MAS
QUE AMIGOS Casi como unos Robin Hood modernos, estos hombres formaron esta agrupación con el único fin de recaudar dinero para ayudar a los que más lo necesitan. La gran mayoría de los integrantes trabajaron por largos años en el Tattersall, algunos más de treinta. Ingresaron cuando eran casi adolescentes y aprendieron su trabajo, hicieron carrera y grandes amigos dentro de ella. Camilo Valdés, Ramón Urrutia, Ismael Ureta, Samuel Díaz, Hernán Covarrubias, Eduardo Montes, Octavio Reyes, Eugenio Vargas y Juan Eduardo Urquhart, son los actuales integrantes del comité que recolecta los fondos necesarios para ayudar a los ex compañeros que están atravesando por problemas económicos o no pueden costear alguna enfermedad. Una labor desinteresada y anónima que se gestó ya estando fuera de esta empresa, pero que habla del compañerismo y espíritu de solidaridad que ha existido desde siempre dentro de ella, y sin el cual una obra como ésta no habría sido posible. Desde
sus inicios, en el año 1998 han ayudado a gran cantidad de amigos
necesitados y los contribuyentes ya son más de 80. ¿Cuántos son los integrantes del comité? En estos momentos seguimos siendo ocho integrantes, aunque no somos los mismos de cuando partimos. Algunos nos han dejado y otros se han incorporado. Es importante recalcar que los miembros del comité también somos contribuyentes y, en esta área, hoy en día sumamos 80 personas. ¿Cómo nació la idea de formar esta agrupación? Camilo Valdés: Nació de una forma muy singular. Después de muchos años de haber salido del Tattersall y recién llegado a Santiago, nos juntamos con Hernán Covarrubias y Pedro Gómez a jugar cacho. En estas sesiones nos preguntamos qué sería de cada uno de los amigos que teníamos dentro de la empresa. Así supimos los problemas que estaban viviendo algunos de nuestros ex compañeros y comenzamos a analizar la forma de re-utilizar toda esa energía positiva en ayudar a los que más lo necesitaban. La idea era que no toda la plata se nos fuera en comer y la pudiésemos canalizar positivamente. De alguna forma tratábamos de revivir esa camaradería que teníamos cuando trabajábamos allí, hace ya muchos años. Nuestra labor partió ayudando a un amigo que en ese momento estaba muy mal económicamente. Luego nos fueron llegando más datos sobre los que estaban enfermos o los que necesitaban algún tipo de ayuda. El problema que tenían muchos es que cuando eran jóvenes gozaban de buena situación económica, pero con el paso de los años se fueron comiendo sus recursos y muchos de ellos llegaron a su vejez sin dinero para enfrentar las enfermedades. ¿Cómo deciden a quién ayudar? El comité que integramos nosotros decide quién es el que requiere la ayuda y cuál es la más pertinente. En un primer momento, al que necesitaba comida para terminar el mes se la llevábamos, pero luego nos dimos cuenta que no todos querían recibirla, principalmente por el orgullo. Otro factor era que ellos no siempre podían comer lo que nosotros les comprábamos, así que optamos por depositarles directamente el dinero. Ahora para hacer más transparentes las donaciones, informamos una vez al año a todos los que nos colaboran en qué se gastó su contribución. ¿Cómo recaudan los fondos? En un primer momento los amigos que nos juntábamos a almorzar poníamos una cuota, algunas veces llegábamos a recaudar sumas bastante importantes. Con esos primeros fondos partimos a abrir una cuenta de ahorro. Como nos era imposible reunirnos a almorzar tan seguido, los miembros de la agrupación, todos ex Tattersall, comenzaron a depositarnos mensualmente. Los aproximadamente 100 contribuyentes que teníamos en esa época los contactábamos telefónicamente. Íbamos acordándonos de los que trabajaban por piso y luego los llamábamos para pedirles una cooperación. Hoy en día una vez al mes hacemos un almuerzo “socioeconómico” como lo llamamos nosotros, donde vamos rotando a los distintos miembros para recordarles que hay que cancelar la cuota. Una vez al año, dependiendo de cómo ande la salud, nos reunimos todos, generalmente en noviembre que ya hace más calor. Los que vienen quedan muy contentos porque les hacemos pasar un buen rato, además de darles la posibilidad de colaborar. La otra forma de financiamiento con la que contamos nació luego de contactarnos con el Gerente General del Tattersall, don Jorge Rodríguez, quien se comprometió con una generosa suma anual para ayudar a esta agrupación. De esta forma desde que nos juntamos hemos logrado ayudar a numerosos amigos necesitados de recursos, los cuales a nuestra edad suelen ser escasos. ¿Cómo contactan a los que necesitan su ayuda? Alguien nos sopla sobre alguno que esté pasando por problemas y los vamos a ver personalmente. Lo que pasa es que a través de los años sigue existiendo entre nosotros una amistad tan fuerte que hace que permanezcamos en contacto de una forma u otra. El problema que estamos teniendo ahora es que cada vez se nos hace más difícil obtener los fondos necesarios para ayudar, esto por dos motivos. Primero, la situación económica actual que no está muy buena, lo que se ha traducido en disminuciones de los montos colaborados y la segunda, bastante lógica por nuestra edad, es que algunos de nuestros contribuyentes se han ido muriendo, no teniendo cómo reemplazarlos. Así que algunos meses se nos complica llegar con la ayuda, pero de alguna manera Dios siempre ha proveído. ¿Cómo han sido los resultados? Bastante buenos, aunque no como quisiéramos porque los recursos siempre son escasos. Basta con ver que cuando partimos éramos 120 contribuyentes y ahora vamos en 80. Pero lo realmente importante es que hemos ayudado a gente a bien morir, tal vez no a que se recuperen, pero sí a que pasen mejor sus últimos días y eso para nosotros ha sido tremendamente reconfortante. Como ejemplo, había un compañero casi ciego porque no tenía cómo pagar la operación, nosotros logramos que se la hiciera y eso le cambió su calidad de vida en los años que le quedaban. La otra gran satisfacción que nos produce esta obra es que ayudamos a personas de todos los niveles socioeconómicos que han trabajado en el Tattersall; no hacemos distinciones. ¿Creen ustedes que esta agrupación es la forma de agradecer a una empresa que fue como su familia? Sin lugar a dudas. No hemos visto en ninguna otra empresa que exista algo como esto. De hecho cuando lo contamos las personas se sorprenden, no nos creen. La verdad es que esto partió porque todos hemos sido muy amigos, sin distinguir clases sociales, desde el gerente hasta el que estaba más abajo. La confianza es tan grande que nos entregan su plata seguros de que la vamos a gastar bien. Nosotros sentimos que formamos como una familia en la que también van incluidas nuestras señoras. Esto un poco se debe a la mística que había dentro de la empresa, en donde todos empezamos desde abajo como ayudante de cajero y de a poco fuimos ascendiendo hasta llegar, algunos, a Jefe de Área o incluso a la Gerencia General, sin tener ningún título. Nuestra Universidad fue el Tattersall, lo que implicó que gran parte de nuestras vidas transcurriera dentro de esta empresa. Ahí conocimos a las pololas, muchas de ellas se transformaron en nuestras señoras, luego vinieron los hijos y nosotros seguimos trabajando en el mismo lugar y siendo amigos. Incluso para los que en algún momento se fueron, esos años fueron su mejor escuela; así lo reconocen hoy en día. |
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