Malezas
 

MALEZAS GRAMINEAS EN TRIGO

Alberto Pedreros L, Ingeniero Agrónomo, Ph.D

Investigador INIA Quilamapu

Entre los numerosos problemas que afectan el rendimiento del trigo están las malezas, que a pesar de todas las actividades realizadas para disminuir sus efectos negativos, persisten y compiten ventajosamente con el cultivo. Así, existen numerosas especies de malezas, tanto de hoja ancha o latifoliadas (dicotiledóneas) como de hoja angosta (monocotiledóneas), comunes en el cultivo de trigo, por lo que es necesario considerar medidas que disminuyan su efecto en el rendimiento. El primer paso es prevenir una alta infestación de ellas y esto parte por utilizar semillas certificadas que aseguren pureza varietal y ausencia de semillas de malezas. También es importante asegurar un manejo óptimo del cultivo para cada zona, y aquí se incluye elección de la variedad y fecha de siembra adecuadas, fertilización según análisis de suelo, ausencia de plagas y enfermedades y riegos oportunos cuando es factible. Todas estas labores, como parte del control cultural de malezas, favorecen un mayor crecimiento y desarrollo de las plantas de trigo que se traduce en una mayor habilidad competitiva del cultivo, por lo que es capaz de ahogar muchas malezas.

Como a pesar de esto siempre emergerán especies no deseadas en el cultivo, hay que pensar en otras medidas, siendo el control químico el más común, fácil y barato; pero debe considerarse como un complemento a las medidas mencionadas antes ya que por sí solo, no será capaz de expresar el potencial de rendimiento del cultivo.

Para decidir el control químico, el primer paso es identificar correctamente las principales especies para elegir un herbicida que controle el mayor número de ellas y las más numerosas, evitando así una decisión basada sólo en el precio del herbicida. Tradicionalmente, existe un buen control de las malezas de hoja ancha porque además de su notoria presencia desde los primeros estados de desarrollo, a la pérdida de rendimiento que producen, y a que los herbicidas para su control son baratos y muy eficientes; sin embargo, cuando se trata de malezas gramíneas hay una percepción, por parte de los agricultores, de excesivo gasto por el alto costo de los graminicidas selectivos al trigo en comparación a los herbicidas para hoja ancha. A esto se agrega que pasan más inadvertidas en los primeros estados de desarrollo porque muchas de ellas son parecidas a las plántulas de trigo por lo que es más difícil diferenciarlas. Esto lleva a que la mayoría de los productores trigueros evite o posponga en el tiempo el control de malezas gramíneas, a pesar que hay zonas en las cuales este tipo de malezas ha llegado a ser tanto o más importante que las de hoja ancha.

La falta de control de malezas gramíneas y el eficiente control de las latifoliadas en un cultivo de trigo se traduce en una mayor presión de selección sobre las gramíneas y año a año han ido aumentando su importancia ya que las plantas no controladas tienen menos competencia y por lo tanto hay una alta producción de semillas que caen al suelo. Esto hace que el banco de semillas del suelo tenga alta presencia de estas especies. Evaluaciones realizadas por dos años en INIA Quilamapu señalan que una planta de avenilla (Avena fatua) no controlada en una sementera de trigo es capaz de producir alrededor de 100 semillas, mientras que una de ballica (Lolium multiflorum) produce un poco más de mil semillas. En ambos casos la mayor parte de estas semillas cae al suelo antes o al momento de la cosecha del trigo. Investigaciones realizadas por el mismo Centro Experimental durante varios años indican aumentos de rendimiento que van del 18% en el secano costero al 49% en precordillera andina por el solo hecho de controlar malezas gramíneas. Esto se traduce en incrementos de producción de 10 qq/ha en secano costero y valle regado, 12 qq/ha en secano interior y 20,5 qq/ha en precordillera. Este mayor rendimiento, que justifica plenamente la inversión en el control de malezas gramíneas, es posible cuando ha existido un manejo como el mencionado más arriba, que incluya una serie de labores en las cuales los herbicidas son sólo una parte que permite potenciar el rendimiento.

A pesar de realizar las labores de manera eficiente, en la mayoría de los casos hay una alta emergencia de diferentes especies de maleza que tienen un ciclo de vida similar al trigo y que responden muy bien a los altos niveles de fertilización de este cultivo. Entre las numerosas gramíneas que se presentan en una sementera, las más comunes corresponden a avenilla y ballica anual, que aún en bajas poblaciones, especialmente avenilla, son capaces de reducir el rendimiento de trigo de manera significativa. Esto significa que junto al control de malezas de hoja ancha, debería aplicarse un herbicida para controlar malezas gramíneas, pudiendo elegir mezclas de herbicidas que permitan una sola aplicación sin disminuir la capacidad de control de cada uno, o elegir herbicidas que sean capaces de controlar ambos tipos de malezas o realizar aplicaciones secuenciales separadas por 5 a 7 días si los herbicidas son antagónicos, como ocurre cuando, por ejemplo, se incluye algún herbicida hormonal (MCPA, 2,4-D, Dicamba, Picloram) en la mezcla.

Existen varios herbicidas o mezclas de herbicidas que aplicados en post emergencia de las malezas y el cultivo, controlan malezas gramíneas en trigo. Estos pueden ser aplicados en el cultivo desde los primeros estados de desarrollo hasta fines de macolla y su elección debe ser basada en el espectro de malezas que mejor controle dadas las condiciones de cada agricultor (Cuadro 1). Por ejemplo, ante presencia de pasto cebolla (Arrhenatherum elatius spp bulbosus) no puede esperarse un 100% de control por ninguno de estos herbicidas ya que las plantas provenientes de las estructuras vegetativas, llamada cormo, son difíciles de controlar; de igual manera no todos los herbicidas controlan eficientemente el piojillo (Poa annua), o cola de zorro (Cynosurus echinatus) o vulpia (Vulpia spp), por lo que si estas malezas son las prevalentes, debe elegirse el herbicida que mejor se comporte ante estas condiciones y no aplicar aquel que esté de oferta o sea el más barato. Similar situación se recomienda cuando el trigo se siembra en rotación con avena ya que esta especie, si emerge como maleza en el trigo, no es 100% controlada por alguno de estos herbicidas. Así, cada herbicida tiene sus ventajas o desventajas que deben ser analizadas por el agricultor, por lo que es necesario leer cuidadosamente la etiqueta y asegurarse que controla las malezas presentes en una condición particular.

De los herbicidas que controlan malezas gramíneas, hay dos grupos con diferente mecanismo de acción. Los más antiguos y de amplio uso corresponden a los que actúan inhibiendo la enzima AcetilCoA carboxilasa (ACCasa) donde están el clodinafop propargil, el diclofop metil, el fenoxaprop etil y el tralkoxidim (Grasp). El segundo grupo, al que pertenece el iodosulfuron y el flucarbazone sódico, son de más reciente producción y actúan inhibiendo la enzima Acetolactato sintetasa (ALS) o Acetohidroxiácido sintetasa (ACTH). Posee la ventaja que también tienen un eficiente control sobre varias malezas de hoja ancha y controlan, además, algunas malezas gramíneas, como ballica y avenilla, que han presentado resistencia a los herbicidas más antiguos. En otras palabras, hasta la fecha son más eficientes como herbicidas selectivos post emergentes en trigo. Sin embargo, para un eficiente control es necesario considerar que las malezas deben estar en sus primeros estados de desarrollo ya que si las gramíneas han pasado el estado de macolla, este control disminuye. Así, por ejemplo, el control de vulpia disminuye notoriamente si la planta ha iniciado su estado de macolla. Por otra parte, cualquier estrés que tenga el cultivo al momento de aplicación, como exceso o falta de humedad, puede producir una clorosis pasajera en el trigo, que desaparece a los días después, sin que se produzca efecto negativo en el rendimiento.

La decisión final de qué herbicida o mezcla de herbicidas es más conveniente, depende de cada situación en particular y no necesariamente será el mismo problema para todos los agricultores de una misma área, e incluso las malezas pueden cambiar entre predios vecinos. Cada agricultor conoce su predio y sabe qué especies de maleza son las más importantes y las más numerosas, por lo tanto las que conviene controlar.