Sumario
 

SIEMBRAS 2004/05

Las intenciones de siembra para el año agrícola que recién se inicia, invitan a reflexionar sobre lo que ha estado ocurriendo con la agricultura tradicional en los últimos quince años, caracterizados por un moderado desmantelamiento de las medidas proteccionistas que por tantos años estuvieron vigentes para el sector.

Según el Instituto Nacional de Estadísticas en la temporada 1998/1999 se cultivaron alrededor de 543 mil hectáreas con cereales, siendo esta la cifra más baja que se tiene registrada desde comienzos de la década de los años noventa cuando estos cultivos cubrían unas 715 mil hectáreas. Esta caída de casi 37% en la superficie sembrada resume muy bien el desafío que enfrentaron los agricultores preferentemente dedicados a los cultivos anuales.

A partir de aquel mínimo se registró una sistemática recuperación de casi todos los cultivos, que el año pasado llegaron a totalizar casi 700 mil hectáreas, esperándose cifras similares para el año actual. Esto significa que ahora se dedica a cultivos anuales una superficie sólo 2 ó 3% menor que hace quince años, lo que para quienes temieron el desaparecimiento de la agricultura tradicional, a raíz de la apertura al exterior, debe ser una grata sorpresa.

Como es natural, no todos los cultivos han corrido la misma suerte. El trigo, sin duda el más importante, registra una recuperación superior a 25% durante el último quinquenio, mientras la avena y el maíz muestran porcentajes aún mayores. En cambio la cebada y el arroz están más bien estancados.

Varias conclusiones se pueden obtener de lo anterior, todas muy positivas, si se deja al margen por un momento los costos que han pagado los agricultores obligados a cambiar o modernizar sus faenas habituales. La primera es que la agricultura ha dado muestras de poder seguir aumentando los rendimientos de casi todos los cultivos, en particular en los casos de maíz y trigo.

El aumento de la producción por hectárea es la herramienta más poderosa con que el sector puede seguir enfrentando la competencia del exterior, cuando en los años venideros se den nuevos pasos para seguir perfeccionando la apertura, en particular cuando se deban derogar las bandas de precios.

En el ámbito macroeconómico, los agricultores han podido comprobar que la estrategia de apertura al exterior no sólo les ha significado desafíos sino también oportunidades. Entre estas últimas se destaca la posibilidad de incursionar en otros mercados como consecuencia de los acuerdos comerciales firmados, y la oportunidad de importar bienes de capital e insumos más baratos.

Por otra parte, la apertura financiera es la que ha brindado la oportunidad de contar con financiamiento más conveniente y un tipo de cambio relativamente más alto. Estas dos variables han sido claves para mejorar los resultados del negocio agropecuario.

Por último, la mayor independencia de las decisiones gubernamentales con que opera actualmente la agricultura de cultivos es un logro que los empresarios del sector deben valorar, porque la historia revela los grandes abusos que se puede cometer cuando eso no es así.

ANDRES PASSICOT

Ingeniero Comercial, Gerente General Gemines