Sumario
 

Subsidios y Desempleo

El Subsecretario del Trabajo dijo en reciente declaración pública que la agricultura y el comercio son las actividades que están haciendo el mayor uso de los subsidios gubernamentales a la contratación de trabajadores. En el bienio 2001-2002 el agro habría participado del 25% del total, en tanto que durante el presente ejercicio dicha cifra estaría llegando a un 31,5%.
A partir de la crisis asiática diversas modalidades de estímulo a las nuevas contrataciones han sido puestas en práctica, destacándose sin embargo sólo dos: aquella que entrega recursos a las municipalidades y otras instituciones estatales para que ellas contraten directamente a personas destinadas a prestar servicios en tareas propias del municipio, y la que transfiere dichos fondos a las empresas privadas, de manera que cada nueva contratación tenga un menor costo para el empleador, equivalente a un 40% del ingreso mínimo.
Alertados por los escasos efectos prácticos de los programas aplicados, el Servicio Nacional de Capacitación y Empleo (Sence) encargó al Departamento de Economía de la Universidad de Chile un estudio para evaluar los resultados de estos programas. Su primera conclusión no pudo ser más desalentadora, de los 50.000 a 70.000 contrataciones subsidiadas en 2001-2002 sólo 7.000 fueron empleos nuevos, y de ellos sólo la mitad se mantuvo al año siguiente. En esa misma evaluación se concluye que las contrataciones directas hechas a través de las municipalidades resultaron preferibles a sus similares hechas por el Fosis.
Continuando con la evaluación de los programas, la Dirección de Presupuestos del Ministerio de Hacienda (Dipres) encargó a la misma dependencia universitaria evaluar todas las modalidades de ayuda oficial que actualmente existen. La conclusión preliminar de los investigadores a cargo del estudio es que aquella canalizada a través de las empresas privadas terminará siendo la mejor.
A la luz de todo lo anterior, es una lástima tener que reconocer que los dineros de la caja fiscal que se destinan a este propósito tienen tan pocos efectos positivos y que en el presupuesto para el año 2005 vengan aumentados sustancialmente, sin que se haya conocido de ninguna iniciativa para mejorar la eficiencia con que se gastan.
Está claro que el agudo problema de desempleo que afecta al país no se puede resolver con más gasto público a través de las modalidades conocidas. Con éstas, a lo más se podría transferir algún dinero a los afectados, pero sin mucha certeza de que efectivamente se lograría.
El desempleo que actualmente exhibe cifras peores que las de 2002 -a pesar de que la economía mundial está hoy mucho mejor que en aquella época- tiene raíces muy profundas que resulta urgente descubrir para aplicar correctivos que, por la gravedad del problema, de todas maneras demandarán tiempo antes de producir resultados significativos.
Cualquier diagnóstico desapasionado sobre este problema identificará las mismas cuatro o cinco grandes razones para explicar su gravedad y prolongada permanencia en el tiempo. Ellas podrían ponderarse de manera diferente, pero ninguno los desconocería a la hora de buscar soluciones al drama humano y al perjuicio económico que se generan a partir de 600 mil desempleados.
La primera explicación para una tasa de desempleo tan alta es el insuficiente crecimiento, aun en un entorno macroeconómico excepcionalmente favorable, como el que hemos estado viviendo en los últimos doce meses. Para entenderlo basta recordar que los primeros 3 ó 4 puntos del crecimiento anual no sirven casi nada para reducir el desempleo, porque están destinados a compensar los aumentos de la productividad de la mano de obra y el crecimiento natural de la fuerza de trabajo. Sólo a partir del cuarto punto es posible esperar efectos positivos, pero lamentablemente por primera vez, en los últimos cinco años, estamos creciendo a una tasa como la requerida para tan sólo iniciar el descenso de la tasa de desempleo.
La segunda explicación arranca de nuestra modalidad de crecimiento reciente, demasiado concentrada en la actividad exportadora y por lo tanto poco intensivo en el uso de mano de obra. Tal vez el mismo crecimiento, pero encabezado por medianas y pequeñas empresas produciendo para el mercado interno, estaría configurando un cuadro más alentador.
La tercera explicación son los cambios macroeconómicos del último quinquenio, que aun con oscilaciones en algunos casos han estado permanentemente empujando la sustitución de mano de obra por capital, las más de las veces importado. Es el caso de la baja de aranceles, la disminución del tipo de cambio, la reducción de las tasas de interés, el aumento del salario mínimo, el desarrollo tecnológico, y también la firma de algunos tratados comerciales.
Por último -pero para muchos lo más importante- es la institucionalidad impropia que rige el mercado laboral, y su desafortunada administración por parte de algunos funcionarios del Estado. Es verdaderamente muy difícil entender cómo se puede aspirar a mantener sin modificación alguna esta normativa -que en condiciones favorables a la contratación de mano de obra ya sería inapropiada- ahora en que las condiciones francamente no invitan a contratar mayor cantidad de trabajadores.
 

ANDRES PASSICOT

Ingeniero Comercial, Gerente General Gemines