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Continua la apertura

Se inicia el año 2005 y con él la continuación del exitoso proceso de apertura al exterior de la economía chilena. Han pasado más de treinta años desde que el Gobierno militar encabezado por el General Augusto Pinochet dio los primeros pasos para insertar a Chile en la economía mundial, virando en ciento ochenta grados la estrategia de desarrollo seguida por el país hasta la fecha.
Los tres gobiernos de distinto signo político, elegidos democráticamente a partir de 1990, no dudaron en hacer suya la nueva estrategia, por cierto que con su propia preferencia por la suscripción de tratados bilaterales o multilaterales, en lugar de la apertura no negociada. El desarrollo económico y social del país durante los últimos veinte años se debe en gran medida al notable crecimiento del intercambio comercial con el resto del mundo, y otro tanto corresponde decir del desarrollo silvoagropecuario.
Durante todo el proceso de reducción arancelaria se ha podido percibir la especial preocupación de las autoridades de todos los gobiernos por los especiales riesgos que esto representaba para la agricultura. Cumplida gran parte de la tarea hoy puede decirse con satisfacción que el sector ha sido capaz de absorber razonablemente bien los costos propios de una transformación tan profunda.
Actualmente el sector silvoagropecuario muestra notables y positivas diferencias respecto del que existía hace tres décadas, partiendo por la gama significativamente más amplia de productos que elabora. Para esto la agricultura tradicional, en gran medida sustentada por los cultivos anuales, cedió espacios a un moderno agro exportador encabezado por enormes plantaciones forestales, fruticultura, vitivinicultura, industria láctea, producción de carnes, agroindustria, floricultura, semillas y otras.
El desarrollo de estas nuevas actividades significa que en los campos chilenos actualmente se ofrecen oportunidades de empleo relativamente más abundantes y de mejor calidad que en el pasado, al mismo tiempo que se emplean tecnologías avanzadas que antes se les suponía sólo propias de la industria manufacturera. Todo esto autoriza a decir que ahora la agricultura nacional no sólo es más diversificada sino también mucho más moderna.
Los atributos anteriores se unen a su capacidad para competir con éxito en los más exigentes mercados externos. La producción nacional llega a ellos sin subsidio alguno, acorde con la posición permanentemente sostenida por el país en todos los foros internacionales en esta materia.
Una forma de apreciar la transformación silvoagropecuaria durante el quinquenio 1988/2002 es ver cómo ha evolucionado la superficie destinadas a los distintos cultivos y plantaciones. El incremento más significativo se produce en la superficie forestada con un poco más de 920 mil hectáreas, seguido de las empastadas artificiales con 125 mil, las frutas y viñedos con 98 mil, y las hortalizas y flores con 56 mil. Estos aumentos significaron disminución de la superficie destinada a praderas naturales por 654 mil hectáreas, y a cultivos anuales por 265 mil hectáreas, además de la incorporación de 290 mil nuevas hectáreas al sector.
Como puede apreciarse, todos los aumentos de superficies están destinados a generar y apoyar el desarrollo de nuevas exportaciones, mientras las disminuciones representan en general un uso más productivo de la tierra, y la incorporación de nuevas superficies a la actividad silvoagropecuaria.
Se estima que el proceso de apertura del sector silvoagropecuario continuará
hasta el año 2013, cuando después de cuarenta años de iniciado, casi
todo el intercambio comercial del sector se hará con aranceles muy bajos
o inexistentes.
ANDRES PASSICOT
Ingeniero Comercial, Gerente General Gemines
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