EDITORIAL





Precios Relativos

Durante el último sexenio Chile ha vivido un período excepcionalmente estable en materia de precios, tanto si la situación se evalúa respecto de lo ocurrido en los últimos 45 años como de lo que es actualmente la realidad inflacionaria mundial.En efecto, a partir de 1999 la inflación anual medida por el índice de precios al consumidor fue siempre inferior al 3 por ciento, con la sola excepción del año 2000 cuando alcanzó a 4,5%.

Sin embargo, inflación baja y pareja no siempre es sinónimo de estabilidad en los precios relativos, a pesar de que por regla general es en los escenarios de alta inflación donde se observan los cambios más bruscos en los sistemas de precios.Como es bien sabido, éstos se determinan en los mercados como respuesta a las condiciones de oferta y demanda que prevalecen para los distintos productos, proceso que se dificulta enormemente cuando la inflación elevada limita discrecionalmente la capacidad de los mercados para reaccionar con rapidez.

Ciertamente que ésta no es la situación chilena durante los últimos años, donde se advierten fuertes cambios en los precios relativos coexistiendo con bajos niveles de inflación.Sin pretender identificar y analizar las causas por las que esto se produjo, nos limitaremos a comentar el impacto que el fenómeno ha producido en la economía de los hogares y de las cuatro principales ramas de actividad económica.

A manera de conclusión, es posible decir que la evolución de los precios relativos durante el último sexenio ha beneficiado claramente a la masa consumidora, en desmedro del sector agropecuario y del comercio minorista que han visto disminuir claramente sus márgenes de ganancias.En una situación intermedia se encuentra la industria manufacturera, en tanto que el sector de la minería aparece claramente como el más beneficiado como consecuencia principalmente del explosivo aumento del precio del cobre.

Para fundamentar lo anterior hay que comenzar diciendo que los consumidores han visto que su canasta de consumo ha subido sólo 16,8% durante el último sexenio, mientras que los precios mayoristas de los bienes de consumo nacionales lo hicieron en 36,7%, y el de similares productos importados en 23,8%, todo de acuerdo con las mediciones hechas por el Instituto Nacional de Estadísticas.Esto sugiere que el sector intermediario (Comercio) minorista ha sacrificado una parte de su margen de ganancia, o ha mejorado su eficiencia en beneficio de los consumidores finales, manteniéndose la interrogante si en un escenario de mayor holgura económica como la actual ambos fenómenos se mantendrán, o se producirá una recuperación por lo menos parcial de los márgenes que prevalecían antes del estancamiento económico 1998-2003.

Al continuar examinando con un poco más de detalle la evolución de los precios mayoristas durante el período se puede apreciar la situación desmedrada en que ha quedado la agricultura respecto de la industria manufacturera y de la minería.En efecto, según el INE los precios de los productos del agro subieron sólo 26,3% comparado con el alza de 44,5% de los industriales y 128,5% de los mineros.

Entre las razones que pueden ayudar a explicar lo anterior cabe mencionar que el sector agropecuario-a pesar de la protección que significan las bandas de precios-se vio enfrentado a una competencia externa de precios mucho más exigente que el sector industrial.En efecto, los productos agrícolas importados llegaron al país durante el sexenio sólo 1,9% más caros, mientras los industriales 37,0%, generando un espacio mucho mayor para el alza de los productos nacionales.

Por último, cuando se observa la evolución de los precios agregados según el destino final de los productos correspondientes, se advierte que los precios de los bienes de consumo conjuntamente con los de bienes de capital suben significativamente menos que los denominados bienes intermedios.Si bien para el sector agrícola ha sido beneficiosa el alza moderada de los bienes de capital, no lo fue el alza enorme de algunos intermedios (combustibles).En todo caso, los precios agropecuarios subieron menos que los de los bienes intermedios (sus materias primas) y que los de los bienes de capital necesarios para desarrollar nuevos proyectos.

En suma, los cambios en los precios relativos observados durante los últimos seis años no han sido favorables para el desarrollo de la actividad agropecuaria en su conjunto, y esto ha significado tener que desplegar esfuerzos adicionales a los de los restantes sectores para obtener resultados económicos positivos.

Andrés Passicot
Ingeniero Comercial, Director Gemines