El oído de la vid y su fase sexual

Mario Alvarez Aburto, Ingeniero Agrónomo, PhD.

Alejandro Toro Yagui, Ingeniero Agrónomo Dow AgroSciences Chile S.A.

El “oídio” o “peste ceniza” causado por el hongo Erysiphe (sin. Uncinula) necator es una enfermedad de gran importancia en la vid de la mayoría de los países en que ésta se cultiva. En Chile fue descrita por primera vez en las localidades de Valparaíso y  Aconcagua en 1860 y en viñedos de Santiago en 1874 (Alvarez y Pinilla, 2000). Se estima que la enfermedad llegó al país con las primeras vides importadas desde Europa, probablemente Francia o España.

En temporadas de fuerte ataque de oídio, como ha ocurrido en los últimos años, puede causar severas pérdidas por deterioro de la calidad tanto en uva de mesa como para vinificación, por lo cual se considera una de las enfermedades de mayor importancia de la vid en el país.

Organismo causal

El responsable de la enfermedad denominada oídio es un hongo parásito obligado que posee un muy restringido rango de huéspedes, ya que sólo afecta a miembros de la familia Vitaceas. Este hongo puede presentar en su ciclo de vida dos fases: la sexual, que corresponde a la clase ascomicete denominado Erysiphe necator, y la asexual, de la clase Deuteromicetes, denominado Oidium tuckeri. Hasta el año 2004, en Chile sólo se había establecido la presencia de la fase asexual, siendo nuestro país uno de los pocos que manifestaba esta característica, ya que mundialmente se desarrolla con la presencia de ambas fases (Alvarez y Pinilla, 2000; Brendek y otros, 2002).  Sin embargo en mayo de ese año, se identificaron en Chile estructuras correspondientes a la fase sexual del patógeno.

Sintomatología

El ataque de oídio se manifiesta en la superficie del tejido parasitado por el hongo y sus síntomas consisten en la presencia de un polvillo blanquecino que se presenta sobre diversos órganos de la vid como hojas, brotes y racimos, en los cuales afecta tanto a bayas como a escobajo.

El ataque del hongo sobre las hojas y brotes se traduce en un menor desarrollo de estos órganos con el consiguiente debilitamiento de la planta.  Las bayas sufren un daño considerable, ya que también se cubren por el polvo blanquecino, detienen su crecimiento y la pulpa se parte dejando ocasionalmente la semilla al descubierto.  Las manchas de oídio en bayas de variedades blancas se vuelven oscuras y forman un síntoma denominado “russet” fácilmente detectable.  En variedades coloreadas las manchas dejan zonas descoloridas.  En invierno, la presencia de manchas de color rojizo sobre los sarmientos es indicación que hubo oídio en la temporada anterior.

Desarrollo de la enfermedad

En su fase asexual, el hongo inverna como micelio entre las escamas de las yemas.  En la primavera siguiente  invade los brotes emergidos de esas yemas, y constituye el foco primario desde donde se van a generar las nuevas infecciones.  Los brotes infectados emergen cubiertos de micelio, el que origina esporas asexuales denominadas conidias que serán transportadas por el viento hasta tejidos sanos dispersando en esta forma la enfermedad (Pearson y Goheen, 1988). A partir de la infección primaria se pueden suceder ciclos secundarios repetidos según prevalezcan las condiciones de temperatura en una determinada localidad o temporada.

Tanto las hojas como los brotes son más susceptibles cuando jóvenes, volviéndose resistentes a medida que envejecen.  Asimismo, las bayas son susceptibles hasta la pinta, haciéndose resistentes a medida que aumenta el contenido de azúcar.  El escobajo sin embargo permanece susceptible durante toda la estación de crecimiento.

Condiciones ambientales

El hongo necesita condiciones ambientales adecuadas para su desarrollo.  Si las condiciones son favorables, el oídio se desarrollará y diseminará rápidamente.  Temprano en la temporada, cuando la temperatura tiene un rango de 23°C a 27°C, el hongo repite su ciclo de vida aproximadamente una vez por semana: las conidias germinan e infectan tejido nuevo formando nuevas conidias que son transportadas por el viento hasta partes no afectadas (Campbell y otros, 2003).

La humedad no tiene mayor influencia en la germinación, infección y desarrollo.  Contrariamente a los que se cree, la enfermedad se desarrolla en clima seco, pero no excesivamente caluroso.  Se ha demostrado que a temperatura entre 21°C y 32°C las conidias germinan a humedad relativamente baja.  Se estima que su período de incubación óptimo (lapso transcurrido entre la infección y los primeros síntomas) está en alrededor de 5 a 6 días.

Presencia de la fase sexual en Chile

Debido a que hasta el año 2004 en el país se presentaba sólo la fase asexual del oídio, el causante de la enfermedad se designaba como O.tuckeri y su ciclo biológico se consideraba en su estado invernante a micelio en el interior de las yemas, el que daba origen a brotes que producían conidias que constituían el “inóculo primario”. En mayo de aquel año se determinó y describió por primera vez en Chile la presencia de estructuras sexuales del hongo formadas en bayas de uva Red Globe de la localidad de Recoleta, Ovalle, IV Región.  Estas estructuras correspondían a ascocarpos o cuerpos frutales denominados cleistotecios de la fase sexual del oídio, que se denomina E.necator. Prospecciones posteriores establecieron la presencia de cleistotecios en diversas localidades de los Valles del Limarí y del Elqui, formados en diferentes variedades tanto pisqueras como de mesa (Riveros y otros, 2004).

Los cleistotecios se forman a fines de verano o principios de otoño, a partir de micelio que haya estado presente sobre estructuras de la vid como lámina y pecíolos foliares, bayas, escobajos  y sarmientos. En un comienzo son de color crema y a medida que trascurre el invierno cambian de coloración pasando por un marrón claro, luego oscuro para finalizar de coloración casi negra. Son estructuras fácilmente visibles con lupa de poco aumento y aun a simple vista.

Los cleistotecios son cuerpos frutales de resistencia invernal que en su interior forman esporas sexuales denominadas ascosporas. El ciclo sexual descrito en otros países implica la liberación de las ascosporas producto de la ruptura de los cleistotecios ocasionada por lluvias primaverales, las que son liberadas al aire para depositarse e infectar a los brotes de la vid en sus primeros estados de crecimiento (5-10 cm de largo), constituyendo otra posibilidad de “inóculo primario” que antecede a aquel inóculo procedente de yemas con micelio invernante en su interior (Pearson y Goheen, 1988).

Debido a la importancia de la presencia de cleistotecios, durante el otoño e invierno del 2005, el equipo técnico de Dow AgroSciences  realizó prospecciones que abarcaron diversas localidades entre  la V y VII Región. La prospección incluyó variedades de uva de mesa como para vinificación. Los resultados permitieron determinar la presencia de cleistotecios en una amplia distribución geográfica, ya que se encontraron en diversas localidades, sobre distintos órganos de la vid como hojas, escobajos, bayas, madera verde y lignificada, sobre variedades de mesa y viníferas. Estos resultados concuerdan con los encontrados  por Silva (2005).

Se excluye hasta el presente la presencia de cleistotecios en la III Región (Copiapó) en donde la búsqueda ha dado resultados hasta ahora negativos.

Implicancias prácticas de la fase sexual.

Es importante considerar que las estructuras sexuales del oídio existen en la gran mayoría de los países en donde se presenta el hongo como enfermedad de importancia. Si bien en Chile no se ha establecido experimentalmente aun el rol de los cleistotecios y sus ascosporas en la epidemiología de la enfermedad, se debe suponer que ella no es diferente a aquella determinada en otros países, es decir una nueva forma de inóculo primario que antecede unos días a la del ciclo asexual ya señalado.

Es importante señalar sin embargo que un ciclo sexual implica recombinación de factores genéticos del oídio, lo que representa un aumento de la posibilidad de formación de variantes (o razas) resistentes a los fungicidas utilizados en su control.

 

Las implicancias de la presencia del ciclo sexual son las siguientes:

Las primeras aplicaciones deberán efectuarse con brotes entre 5 y 10 cm de crecimiento, ya que la liberación de ascosporas se produce con lluvias que pueden ocurrir en los primeros estados de desarrollo de la vid.

En aquellas localidades en que se presente el oídio en poscosecha sobre crecimientos otoñales que puedan conducir a la formación de cleistotecios será necesario efectuar un tratamiento suplementario para el control del hongo tardío.

En cuanto al uso de fungicidas químicos  será necesario extremar las medidas destinadas a evitar la formación de razas resistentes. Para ello será de gran importancia el manejo de los programas de fungicidas que incluye la mezcla de activos y principalmente la rotación de los grupos químicos en uso. Actualmente en el mercado nacional existen cuatro grupos químicos los que se deben consideran en un uso bajo el concepto rotacional.

Para el control químico del oídio tradicionalmente se ha empleado como fungicida al azufre, ya sea como polvo mojable o para espolvoreo. La utilización del azufre se mantiene vigente, sin embargo debido a que presenta algunas limitaciones, su uso exclusivo se ha reemplazado por otros grupos químicos de activos oidiocidas. Entre las desventajas del azufre se encuentra su bajo poder de retención a la lluvia, su pobre capacidad de redistribución, por lo cual el nuevo crecimiento de la planta va quedando desprotegido. Además puede presentar eventual fitotoxicidad al aplicarse con altas temperaturas ambientales.

Actualmente, el control del oídio contempla además el uso de otros tres grupos químicos, como los IBE, las estrobilurinas y las quinolinas. Entre los activos pertenecientes a los IBE más utilizados en el control de E. necator, se encuentran  miclobutanilo (Rally®, Systhane®), triadimefon (Bayleton®), fenarimol (Rubigan®), triflumizol (Trifmine®) y  tebuconazol (Horizon®). Las estrobilurinas incluyen a los activos kresoxim-metilo (Stroby®), trifloxistrobin (Flint®) y azoxistrobin (Quadris®). El grupo Quinolinas, incluye como único representante a quinoxifeno (Quintec®), activo oidicida de última generación, que se suma a los otros grupos como fungicidas a emplear en un programa de control de la enfermedad bajo un sistema de rotación.

Quintec® es un excelente protector de oídio con capacidad de redistribuirse en el follaje y bayas. Tiene un modo de acción único, lo que lo hace ideal para el manejo de resistencia y no pierde efectividad con lluvias posteriores a la aplicación gracias a su alta lipofilicidad.