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Las semillas genéticamente modificadas en el cultivo del maíz:
Pasado, presente y futuro
Eduardo Zañartu U., Gerente de Ventas,
Agrotuniche Ltda.
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Desde hace unos 10 años, se comenzaron a comercializar en Estados Unidos las primeras semillas híbridas, que gracias al uso de la biotecnología contenían resistencia a larvas de lepidópteros de algunas de las plagas que mayor impacto económico producían en el cultivo de maíz. Se llamaron Semillas Trangénicas.
Como sucede con muchos avances científicos, originó euforia y rechazo. La palabra “transgénica”, para unos era una nueva agronomía; para otros, se convirtió en el símbolo de un desorden científico que era preciso denunciar ante la opinión pública.
Gradualmente esa palabra conflictiva evolucionó a una “políticamente correcta”: “Organismos Genéticamente Modificados” (OGM. En inglés: GMO, Genetic Modified Organisms,) En Chile el SAG las denomina como OVVM, Organismos Vegetales Vivos Biomodificados.
Hoy, la comercialización de semilla genéticamente modificada es una realidad en varias especies, mercados y propósitos. Los bandos no han cambiado: celebradas como el cambio de la agricultura del siglo XXI por unos, como una amenaza a la especie humana por otros.
En Estados Unidos y Argentina, casi el 100% de la soya es genéticamente modificada, siendo el grueso resistente a Glifosato. Entre varios otros casos en algodón, ya se comercializa semilla genéticamente modificada; en trigo y alfalfa, es una tecnología que se acerca; el arroz está listo. Los transgénicos también incluirán hortalizas, frutas y bosques. Es en el maíz, donde existe un amplio espectro de eventos para distintos propósitos como control de malezas, plagas aéreas y del suelo, e incluso existen hoy híbridos que tienen resistencia tanto a plagas aéreas como del follaje así como a herbicidas al mismo tiempo.
El uso de semillas genéticamente modificadas se ha ido incrementando año a año, ya que éstas plantean soluciones a problemas reales con niveles de eficiencia que no se observan en tratamientos convencionales de insecticidas o herbicidas, lo que incide directamente en el rendimiento.
Es particularmente en los últimos dos años, donde lo anterior se ha confirmado especialmente en la producción de maíz en Estados Unidos, donde parte del incremento de los rendimientos ha sido sin duda la creciente adopción de semilla OGM por parte de los agricultores. Esto les ha permitido combatir en mejor forma ciertas plagas de gusanos cortadores, como claramente se observó en la temporada pasada, cuando serias condiciones de sequía, particularmente en el estado de Illinois, permitió un aumento en ese tipo de plaga en los híbridos tradicionales y su disminución de rindes, disminución que no se observó en las siembras OGM.
Todo indica que en maíz para la próxima temporada, la superficie OGM sembrada en los Estados Unidos alcanzará un 60%, cifra que ya existe en Argentina.
Las barreras impuestas por ciertos mercados a la entrada de semillas genéticamente modificadas, especialmente europeos, han comenzado a retroceder, lo que se refleja en que hoy Cry1Ab (evento que confiere resistencia al barrenador de maíz y tolerancia al herbicida Glifosato), y Glufosinate han sido aprobados por la Comunidad Económica Europea. Más amplio es el listado de eventos aprobados por Japón, uno de los principales importadores de maíz.
La realidad es que hoy los cultivos genéticamente modificados, tienen una creciente participación en la superficie mundial la que aumenta inexorablemente de año en año.
Y la razón es simple: mayores rendimientos y mejores posibilidades de comercialización, producto de menores barreras al ingreso de estos productos y un mayor ordenamiento jurídico para su rotulación y participación en los mercados.
Chile no está ajeno a esta realidad. La creciente producción de semillas en contraestación está muy ligada al crecimiento que ha tenido la adopción de estas tecnologías.
Pero en Chile existe una contradicción. No está autorizado sembrar semillas OGM, sin embargo, un 50% del maíz que se consume es importado.
Dicho de otra manera: Producimos alrededor de un 50% de lo que necesitamos y el saldo viene de Argentina y EE.UU, el cual llega más o menos mezclado con granos genéticamente modificados. Es decir, la notable eficiencia de la producción de huevos, pollos y cerdos que aquí se realiza, es en parte con granos que no está autorizado sembrarlos pero sí importarlos.
Es preciso tener en cuenta que algunas de las principales plagas para las cuales se han desarrollado estas tecnologías no están presentes en nuestros campos, pero es indudable que los países con semillas OGM tienen tecnologías a su alcance que les permiten bajar costos en un cultivo extremadamente competitivo como es hoy el del maíz.
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