Sumario
 

SANIDAD ANIMAL

La creciente preocupación por la calidad de los alimentos para preservar la salud de las personas, plantea importantes desafíos que corresponde enfrentar en forma conjunta a las autoridades, las personas, y las organizaciones intermedias de la sociedad. Una de las áreas en que este desafío se presenta es la ganadería, dónde son conocidos los esfuerzos desplegados para erradicar la fiebre aftosa y otras enfermedades. Recientemente se ha planteado la necesidad de controlar en mejor forma la cisticercosis bovina, enfermedad causada en los animales por la tenia saginata, vulgarmente conocida como la lombriz solitaria. Las enfermedades que pueden contraer las personas por deficiencias en la sanidad animal son sin lugar a dudas la razón principal para preocuparse de este tema, pero no es la única. En el ámbito económico, las exigencias internacionales vinculadas al intercambio comercial también justifican preocuparse de la materia, a objeto de no dañar las posibilidades de intercambio que son la base de la estrategia de desarrollo de un país económicamente pequeño como el nuestro. En este escenario, corresponde responder preguntas tan importantes como a quién corresponde velar por un adecuado nivel de sanidad animal, cuál debe ser ese nivel, y quién debe pagar los costos correspondientes. Velar porque en el país se cumpla con determinados estándares sanitarios parece claramente una responsabilidad del Estado. Sin perjuicio de esto, es perfectamente posible delegar en agentes privados las tareas de fiscalización e implementación de determinadas medidas, teniendo en consideración motivos de eficiencia y descentralización de funciones. Los niveles de sanidad animal, independientemente de la máxima consideración que el tema merece, no pueden estar desligados del nivel de desarrollo de los países. Esto significa que es necesario evaluar permanentemente la posibilidad de ir accediendo a niveles más altos en la medida que se disponga de los recursos correspondientes. Proceder de otra forma, intentando, por ejemplo, copiar los niveles de países desarrollados puede proteger de estos riesgos a la población pero a un costo demasiado alto, al dejarla desprotegida en otros aspectos más fundamentales. Los estudios actualizados de costo/beneficio de los programas sanitarios son la herramienta adecuada para este propósito. Lo anterior permite abordar el tema de quién debe solventar los costos de los programas de sanidad animal. En la medida que los beneficiarios son los productores, los consumidores, y el país en su conjunto, parece razonable pensar en un financiamiento compartido. A la misma conclusión se llega si se piensa que la sanidad animal se deteriora no sólo por factores atribuibles a los productores. Lo anterior significa que al Estado corresponde destinar a estos efectos una parte de los impuestos que recauda, a los consumidores estar dispuestos a reembolsar vía precios una parte de los costos en que incurren los productores para entregar un producto más sano, y a estos últimos una cuota que no represente un grave deterioro de la rentabilidad del negocio. Abordar el tema de la sanidad animal no puede consistir sólo en establecer un cuerpo de inspectores para detectar y eventualmente sansionar a los productores, sino que crear las condiciones para evitar que los problemas se presenten.

ANDRES PASSICOT
Ingeniero Comercial, Gerente General Gemines