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Sumario
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BANDAS
DE PRECIOS A fines de septiembre, una resolución de la Organización Mundial de Comercio (OMC) instó a nuestro país a ajustar el mecanismo de las bandas de precios que rige para varios productos agrícolas. Dicho mecanismo, definido en la década de 1970, fue inicialmente concebido como una manera de poner a cubierto a los agricultores de las fluctuaciones que frecuentemente tienen los precios de sus productos en el exterior. Así, cuando se detectaba que ellos eran bajos, correspondía subir los aranceles u otros gravámenes a las importaciones, procediéndose a la inversa cuando los precios eran altos. Como puede apreciarse, el mecanismo así definido era neutro desde el punto de vista de los precios promedios recibidos por los productores nacionales. Por esto las bandas de precios no podían calificarse como un instrumento proteccionista.
Sin embargo, sucesivas modificaciones introducidas con el correr del
tiempo fueron desfigurando la idea original y dando paso a reclamaciones
ante la OMC por parte de terceros países, entre los que se encuentran
Argentina y Bolivia. El fundamento de esos reclamos fue que las bandas
de precios, tal como estaban operando, eran un instrumento proteccionista
atentatorio contra la libertad de comercio. Así
parece haberlo entendido la OMC que terminó haciendo suya la
argumentación de los reclamantes, habiéndose ya agotado
todas las instancias de reconsideración. En estas circunstancias
no parece haber otro camino que hacer los ajustes requeridos. No
se conoce el alcance que pueden tener esos “ajustes”, pero en un extremo
podrían llegar a significar hasta una virtual eliminación
de las bandas. Los agricultores se han opuesto siempre a esta posibilidad,
aunque es preciso recordar que en numerosas instancias oficiales y privadas
se ha dicho que en algún momento este mecanismo será incompatible
con la apertura comercial que todos los países dicen querer.
Por lo tanto, esta resolución de la OMC, si es que no termina
ahora con las bandas por la vía de los “ajustes”, es por lo menos
una advertencia más para que la agricultura se prepare para ese
evento. Prepararse significa fortalecer la capacidad competitiva del sector. El tipo de cambio más alto observado en los últimos meses es, sin duda, una buena noticia para los exportadores de productos agropecuarios, y para el sector que sustituye importaciones. Lo mismo corresponde decir de las bajas tasas de interés que permiten obtener capital de trabajo a un menor costo. Sin embargo, en una economía donde esas variables son fijadas por el mercado, nadie puede garantizar que se mantendrán permanentemente en esos niveles. Lo único permanente como herramienta para mejorar la competitividad es la incorporación de nuevas tecnologías y la capacitación de la fuerza de trabajo. Al Gobierno y al sector privado les corresponde coordinar sus esfuerzos para alcanzar estos objetivos. ANDRES
PASSICOT |
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