| DESAFIO
DE LOS ACUERDOS

Es
inminente la entrada en vigencia de los acuerdos comerciales alcanzados
con la Unión Europea, los Estados Unidos y Corea. Esto invita
a reflexionar sobre los nuevos desafíos que se plantean a la
agricultura nacional.
Desde 1948 cuando Chile concurrió a la formación del GATT-
transformado ahora en la Organización Mundial de Comercio- nuestro
país ha demostrado su vocación aperturista.
Con altos y bajos hasta mediados de la década de los 70 se logró
avanzar, pero es a partir de esa fecha que el país se encamina
con paso firme hacia la reducción de los aranceles y la eliminación
de otras barreras al comercio exterior.
En las diversas etapas de este proceso, sin duda alguna difícil,
el sector agropecuario se ha mostrado muchas veces en desacuerdo. Fruto
de ello son las cuotas de importación, las bandas de precios
y las salvaguardias.
No obstante lo anterior, si se analiza la situación detenidamente,
no pareciera haber buenas razones para que el sector agropecuario se
haya opuesto con tanta fuerza a la apertura comercial, como no sea el
intento de eludir los costos de adaptación que todos los sectores
han tenido que pagar por la reducción arancelaria a que hacemos
referencia.
Cuando en el país se seguía la estrategia de sustituir
importaciones, era la industria manufacturera la que se beneficiaba
con las medidas proteccionistas, en tanto la agricultura le vendía
a bajos precios sus productos. Asimismo, el tipo de cambio bajo y los
aranceles diferenciados trabaron el desarrollo de la agricultura orientada
a los mercados externos.
Por regla general, mientras más bajos son los aranceles, más
debería subir el tipo de cambio, siendo ésta la situación
que le conviene al sector agropecuario.
No hay duda que durante todo el debate que hubo en torno a la apertura
comercial se escuchó con mucha más fuerza la voz de los
que tenían que pagar los costos. Los que se beneficiaban, como
ocurre habitualmente, guardaban riguroso silencio.
Si se hace un balance del proceso de apertura, se concluye que el sector
silvoagropecuario ha enfrentado con éxito el desafío.
Las exportaciones y el saldo comercial no han dejado de crecer, en tanto
surgió un sector moderno altamente tecnificado y bien capitalizado.
El sector más vulnerable -la agricultura de los cultivos anuales-
ha dispuesto de plazos y medidas proteccionistas para ayudar a su reconversión.
Una de las consecuencias más visibles de la apertura comercial
son los cambios en el uso de la tierra. En los diez últimos años,
la superficie destinada a cultivos anuales disminuyó en 27 por
ciento, en tanto que la destinada a frutas y viñas aumentó
en un porcentaje similar. Los cultivos de flores y hortalizas aumentaron
en 30 por ciento, y las empastadas artificiales lo hicieron en 13,4
por ciento. Por último, las plantaciones forestales crecieron
en 47 por ciento.
Los antecedentes anteriores ilustran los cambios que el comercio más
libre ha producido en la actividad agropecuaria. La entrada en vigencia
de los tres acuerdos firmados durante 2002 generará efectos en
la misma dirección, planteando nuevos desafíos al sector
agropecuario.
ANDRES PASSICOT
Ingeniero Comercial, Gerente General
Gemines
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